El nuevo romanticismo mira hacia la equidad

casarse en deportivasA menudo, cuando entrevisto a novios y novias para luego escribir sus votos, pregunto si son románticos. Pues bien, las últimas parejas con quienes he charlado largo rato, a solas, por separado, en la intimidad que nace tras empezar con su historia desde el principio, he notado que son tan sensibles, como despegados del concepto clásico del romanticismo.

Podría decir, en una frase, que las parejas de hoy no son románticas, pero sería muy pobre. No son románticas de catálogo publicitario. Rechazan, en su mayoría, el concepto de príncipe azul y mujer de  sus sueños, huyen de los flechazos que venden por San Valentín, del almíbar que destilan las novelas clásicas, en definitiva, de los tópicos que llevamos siglos asociados al amor. Y sin embargo, son románticos y románticas.

Mientras dicen que no quieren pasteleo, evocan a su amada, o a su prometido con las imágenes más bellas que una pueda suponer, pero lo hacen enmarcándolo en su vida diaria.

Es el sentimiento que llevan dentro lo que les hace proyectar ante quien escucha, una situación idílica, emocionante, que presentan como algo normal, a veces intercambiando los papeles porque su tipo de vida lo demanda, pero siempre ensalzando valores sensibles y hondos del uno a la otra o al revés. Esa sensibilidad de percepción de la diferencia, de aceptar la naturaleza de su pareja y maravillarse con ella, queriendo conservarla y potenciarla, creo que es el verdadero romanticismo.

Se niegan a hablar de flechazos, por lo que tiene de manido y porque su historia fue diferente. Sin embargo, sí hubo un momento mágico en todos ellos, que no siempre coincidió en el tiempo. A veces él se da cuenta desde el principio, en ocasiones es ella, y otras veces , esa belleza solo lo perciben ante la ausencia del otro. Bien, pues por hablar de belleza, las frases más hermosas sobre el amor, las estoy escuchando ahora, y no usan la palabra amor. Dicen lo que les gusta de cada cual, ponen ejemplos cotidianos que demuestran el respeto y asombro que les produce la pareja. Pero no lo llaman romanticismo.

¿Y cuando relatan que saltaron de un continente al otro por estar juntos? Pues no lo llaman romanticismo, sino necesidad de estar viviendo con él, o con ella.

Si les preguntas si serían capaces de abandonar algo importante por su pareja, se asombran y dicen,” mi pareja no me pediría que dejase nada que fuera importante para mí”. Y así, cuando están a miles de kilómetros, entienden la separación, disfrutan con los relatos del uno a la otra,  pero no se apuran, no recelan, se sienten juntos. ¿Eso no es romanticismo?.  No lo es, al uso tópico de renuncias y hazañas, afortunadamente. A cambio, es de lo más romántico notar la capacidad de ponerse en la piel del otro, y hacer de ello un reconocimiento diario, una fiesta risueña sin más alharacas que a de asombrarse cada día y celebrar su diferencia.

Quisiera seguir encontrándome más parejas así. Ya les seguiré contando. Mi impresión, hasta ahora, es que el romanticismo de azúcar y desgarro, no está en uso. El nuevo romanticismo, el romanticismo auténtico, crece en la equidad.

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