Ella y él son tres…familias

Familias de Clicks

ELLA Y ÉL SON TRES FAMILIAS

Tres familias, o quizá más.

Cuando una pareja adulta, empieza  a estrechar lazos porque quieren casarse o vivir juntos , a menudo lo que sale de manera natural es formar una gran familia, con los hijos e hijas de cada uno de sus matrimonios anteriores. Qué idílica venturanza ¡… Ahí, en el comedor navideño, o en el jardín escogido para celebrar el día de la madre … Pues ahí, debemos empezar a imaginarnos.

¿Qué  hijos de quién vienen a casa? Bien, en las fechas señaladas, es fácil distribuir las visitas, pero ¿Y la relación de cada día?

Voy a contar, cómo estoy viendo la organización del cariño en las parejas casadas en segundas -o terceras-   nupcias, con hijos  anteriores a que se hiciesen novios.

Cuando son pequeños, lo más frecuente  es que vivan con las madres. Esto , puede suscitar celos de la nueva pareja, si el padre/novio pasa mucho tiempo con ellos, o rechazo de los hijos si se les quiere imponer la visita al padre con madrastra incluida, o reproches entre y hacia hemanastros. Se podrían  hacer permutaciones de n elementos, tomados de m en m

No, no es tan fácil. Las familias no siempre son homogéneas ni los “elementos” se dejan permutar.

¿Qué están haciendo las parejas inteligentes?  Preservan su propio espacio de pareja, especialmente si no tienen hijos en común.

Esto conlleva un planteamiento sincero, argumentado y humano por ambas partes. No es un contrato, pero sí un acuerdo tácito entre  los nuevos esposos / pareja, por el que cada uno decide cuando ve a sus hijos, y el otro no se opone si no se menoscaba la vida en común.

En ese lábil pacto, pueden surgir emociones de lo más visceral que intercepten la armonía, pero os aseguro que si hay amor, funciona.

Los hijos ven a sus padres cuando lo necesitan, a solas con sus complicidades, sin que la visita a solas les dé a entender que el padre o  madre les ha preferido, sino, muy al contrario, que la generosidad que se desprende de su amor, apoya esa visita…O no hay que decir nada ¡ Eso se notará .

Así, nadie impone su presencia, ni  costumbres y sin embargo, no por ello dejan de tener un grado de cariño, preocupación y cercanía.

En las parejas que conozco en esta situación, y alguna lleva más de 20 años casada, los hijos mayores pueden pasar meses y meses sin ver al cónyuge de su madre o padre, pero se hablan con tranquilidad y respeto, tienen noticias de sus respectivas vidas y quizá hasta comparten grandes eventos. No es un trato frío, sino realista. Y la mejor manera  de que esa pareja sigua adelante con armonía y disfrute también de sus hijos.

Las postales idílicas son eso, postales, y pueden acabar en papel mojado.

Estamos en la era digital.  Sería bueno “ gestionar” la multiplicidad de relaciones familiares con tanta inteligencia, como amor, o si se prefiere,  cuando hay suficiente amor, merece la pena echar mano de la inteligencia emocional .

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