Historia de un vestido de novia

La mañana anterior a la boda,  Ana quiso contarle al mundo entero que no podía casarse.Historia de un vestido

Miraba  el vestido, que  colgaba sosegado de una percha almohadillada, y empezó a dar vueltas a su alrededor. Le miraba y sentía asfixia. Empezó a dirigirle preguntas , y se quedó esperando contestación.

La seda que iba brillando a medida que el sol avanzaba por la ventana, respondía con sus luces. Era un reto.

Ana tomó fotografías ridículas de su propia cara haciendo muecas. Ana tocó el vestido sacudiendo la falda de manera displicente. Ana se hizo un chocolate y se lo bebió a su lado, muy  cerca de la tela, mucho…

Sentía  que ese traje era enemigo y odiaba cada pliegue que le hacía guapa. Guapa y mayor.

Abrió por un momento su viejo armario y comparó su ropa destartalada con el  hermoso palabra de honor que esperaba su estreno. Todo empezó a darle vueltas entonces.  El día del cumpleaños, cuando, achispada de risa, juraba a sus mil mejores amigas que nunca se casaría sin el permiso de ellas… Cuando entre todas prometieron verse en la facultad y salir juntas de viaje fin de carrera. Después tendrían trabajo y saldrían a cenar al menos una vez a la semana. Ella se teñiría el pelo y jugaría al tenis, sí sí. Eso dijo, al tenis!

Tantas cosas por hacer aún, y ya  tenía el vestido, esperándola, apenas un año después…

En una ocasión vio en el cine cómo torcer una boda huyendo minutos antes.  Pero eso no serviría, la cogerían al momento. Tendría que ser más ingeniosa…

Entonces Ana, descolgó el traje de novia y lo volvió del revés.  Se fue a por unas tijeras y fue descosiendo una a una las costuras,  dejando hilvanes a cambio.

Tardó varias horas, pero resultó perfecto. No se podría saber hasta que no se estrenara.

Iba a evitar la boda al fin!

Y así el día siguiente llegó y llamaron a la puerta. Y entonces  Ana la abrió, y entregó el vestido a su dueña.

Cuando cerró, sonreía. No sabía explicar qué había hecho, pero sonreía.

Ana, la costurera, sólo tenía quince años cuando la casaron y soñó, en aquel vestido, que aquello no iba a llegar a ocurrir.

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