Lo que sienten las novias

ImaginaciónCuando hablé con Teresa, su voz titilaba, de un registro a otro, a medida que le iba preguntando cómo le conoció y cómo se dio cuenta que estaba enamorada.

Las manos inquietas, reproducían su historia sin ella saberlo, y me contaron mil cosas.

Dijeron sus manos, que aquel primer día le miró como a cualquiera, con la seguridad que le daban su envoltura  y el espejo.

Me decían sus dedos, que pareció un momento como el de tantas tardes, al mirarle en  un repaso. Fue después – y ahí ya entraron a hablar sus ojos- a los dos días, cuando se paró a pensar en las veces que daba vueltas a los gestos y palabras de aquel chico.

Entorna los párpados y le sale una sonrisa porque empieza a relatar la primera cita solos, por una llamada cuidadosamente involuntaria que él le hizo.

Es precioso notar cómo le cambia la cara cuando habla de su amor. No pueden contarse los pequeños movimientos que le ayudan a expresar un caudal de emociones para el que no tiene palabras suficientes. Entonces hay que cambiar de tema. Iremos a los gustos comunes, sus viajes y sus amigos, para que se relaje.

Ya ha descansado.

Ahora, vuelve a estar emocionada y evoca con palabras sencillas, momentos líricos y dulces. De sus frases inacabadas, brotan imágenes que se llevará para leer el día de su boda.

No para de hablar. Al parecer, también hubo truenos.

Se trata de una mujer menos frágil de lo que se diría al verla. Ha pasado poco a poco de la ensoñación a lo concreto. Del olor de la primera lluvia a los deberes pendientes.

Planea el futuro y estira los brazos para contar lo que espera. Y cuando pregunto si quiere comer del mismo trozo de pan que su novio  o piensa que cada  uno debe comer  su pedazo, duda un buen rato  y dice que lo van a compartir todo. No me ha contestado. No importa. Se lo va a pensar después, como hizo cuando le conoció, que se le fue posando  los días siguientes.

Teresa describe el vestido a punto de  última prueba. Dibuja luego en el aire lo que va a ser su escenario  y explica que adornará con flores, de tonos oro, para tener  luz ligera.

Van saliendo en el  sosiego de la conversación, citas de autor que leían al principio, y se sacude unas motas del pantalón, que, francamente, no veo, quizá para concentrarse y poder seguir diciéndome.

El novio no es su mitad. Tiene sus propios proyectos y van a hacer un camino de corredores de fondo los dos, porque quieren, porque se aman.  También habrá de que decir eso en la lectura. Son cosas que son promesas.

Han ido brotando en este tiempo, tantos matices, tanta belleza de sentimiento, que puede hacerse un retrato escrito de su amor. Y si eso puede hacerse, ha sido gracias a ella, que con solo recordar la primera tarde, ha pintado con su ojos , con su voz,  con sus manos, con sus gestos, la ilusión que le lleva a casarse con él. Y se lo dirá en la boda. Hasta entonces, es secreto.

 LLP

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