No sin mi suegra

elogio de la suegraNo  recuerdo haber reído en muchos años ningún chiste sobre suegras. Primero porque son vulgares y después porque me parece injusto. La injusticia no se basa en la comparación hacia ellos, porque eso sería entrar en el  “tú mas”, que es pueril,  o en la misma arcaica costumbre que ha sustentado los tópicos: hombres contra mujeres .

La justicia que reclamo es el reconocimiento hacia madres que han visto casarse o irse  hijas o hijos , a menudo cambiando por ello sus vidas, y siempre han tenido momentos de apoyo emocional, económico y logístico. ¿Dónde dejo los niños?  ¿A quién acudo si no llego a fin de mes?  Esto solo puedo decírselo a su madre a ver qué se le ocurre …

La mayoría de las veces, son los hombres quienes ponen en circulación esa mala prensa, pero otras cuantas, se debe también a las mujeres que les siguen la broma fácil, sin pararse a pensar en que un día serán suegras. Quizá, lo primero que debiéramos aprender es a cuidar es esa figura desprestigiada de la que resulta sencillo  hacer leña porque es madre que va a aguantar con tal de veros contentos y contentas.

He visto de cerca gesto, humanamente grandes, de una suegra hacia su yerno o nuera, pero no lo escribe nadie.

He notado la tristeza y alegría al recibir noticias pasivamente para no interferir en la pareja. También, cómo no, conocí  a suegras “metetes” pero no más allá de lo que un amigo influyente se atreve a sugerir. ¿Por qué no nos metemos en la piel de las suegras? ¿De verdad que no hay nada que elogiar? ¿Ni su silencio, ni su respeto por tus gustos, ni sus consejos para hacerte más llana la tarea de conoceros?

Yo admiraba a mi suegra. Tenía ese temple seguro y dulce de quien sabe que va desprenderse de la cercanía más amada, y que por amarle, tiene que dejarle ir y crecer. La he visto llorar de espaldas y enjugarse de inmediato para darnos dos besos con prisas porque íbamos a perder el tren. Me llamáis si podéis, decía. No pedía mucho más. Ahí se quedaba ella. Sola, atenta a cualquier señal, y   dispuesta a continuar con su vida . Eso no es motivo de chiste,  ¿verdad? Pues así  son la mayoría de las suegras. La caricatura que reímos, sale más de la rudeza de quien la juzga que de la calidad personal de ella.

A mí me gusta destacar  lo mejor de una suegra. Estaremos en su lugar un día. Empecemos a valorarlas, por justicia, por elegancia,  por inteligencia y…porque de chistes burdos, están las páginas llenas.

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